CARTA
A UN AMIGO (XIX)
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Esta noche corre el viento de levante y el fragor del agua
del mar es ensordecedor, descargando las olas toda su fuerza
sobre el espigón del muelle; la ventana de mi alcoba
se encontraba orientada hacía el sur y el olor a salitre
penetraba en el interior de la estancia, me levanté
y fui hasta la ventana con la única intención
de cerrarla pero me quedé observando el espectáculo,
la luna llena se encontraba ahora en el punto más alto
del cielo alumbrando perfectamente la caleta, el muelle y
parte de la playa, a lo que mi vista alcanzaba, vi como las
olas casi llegaban hasta las fachadas de las casas de primera
línea de playa, parecían las fauces de un animal
gigantesco y por debajo parecía agitarse su oscura
y voraz lengua, una y otra vez se repetía la escena,
acabé por cerrar la ventana y ya que estaba lo suficientemente
espabilada para no reconciliar el sueño, encendí
la luz de la lamparita del escritorio y tomé la carta
de mi amado amigo para releer de nuevo, escuchaba el viento
aullar por los campos desérticos, estos quedaban a
la espalda de la casa, la cosecha de trigo estaba finalizada
y los campos habían quedado arrasados y desnudos esperando
fertilización y savia nueva.
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fijé mis pensamientos
distraídos de nuevo en la carta, deseaba contestar
a mi amigo cuanto antes y sin premura me dispuse a ello, abrí
el cajón del escritorio para coger papel de carta y
la pluma, siempre escribo con pluma, me encanta su trazo sobre
el papel, nada de bolígrafos, solo mi vieja pluma que
iba como la seda, su trazo suave acariciaba el papel como
si de puro terciopelo se tratara, con esta pluma no se escribían
letras se dibujaban; medité un poco antes de comenzar
pues quería medir mis palabras para una contestación
adecuada.
Veo mi querido amigo, que tú también disfrutas
con la contemplación de la naturaleza, algo que me
agrada en suma pues eres afín a mis preferencias, esa
afinidad unísona me llena de complacencia. Pienso que
tú y yo estaríamos, en una noche como esta,
hablando hasta la madrugada, de diversos temas, cambiar impresiones,
deliberar opiniones y debatir ideas, mientras tanto las olas
seguirían golpeando la caleta en una noche estrepitosa
de luna llena, tomaríamos un té y cuando estuviéramos
agotados de debates, escritos, versos y poemas te diría:
No te vayas, abrázame fuerte, regálame la suavidad
de tus manos como me has regalado la de tus palabras, mis
pensamientos y mi alma están contigo, más mi
corazón y todo aquello para lo que mi pobre lenguaje
no tiene palabras están contigo, mi amigo y amado no
te vayas, quédate eternamente en mi almohada, no te
alejes en esta noche tenebrosa y sombría que paraliza
sentidos y mente, que no deseo el transito deambúlate
por los pasillos y por espacios gélidos como vacíos,
cuando siento tu presencia y tu calor, todo se llena de futuro
y promesas, sentirte me anima y me reconforta, aunque la distancia
nos aborda, tus cartas son tu espíritu y tu alma y
esta llenan las horas de las noches frías, su calor
son la fuente de mi energía. Esta noche estas aquí
conmigo, ven amigo mío, aquí en mi lecho y descansa
a mi Vera, eres el último pensamiento del día
hasta que el cansancio me aborda y los pensamientos se tornan
sueños.
Volví abrir
la ventana, metí la carta en un sobre y apagué
la luz, el sonido de las olas había amainado al igual
que el viento, ya solo se escuchaba un leve murmullo del agua
y el cric-cric de los grillos, dormida quedé abrazando
el único sueño que me daba calor, solo la imagen
de mi poeta…
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Me desperté al alba con los primeros trinos de los
pájaros y con un gran peso sobre mis piernas que no
dejaba hacer movimiento alguno, era mi gato que yacía
inerte sobre la cama como si de un peluche se tratara, a la
hora de descansar y al volver de su andanzas nocturnas, tenía
una gran preferencia por mi cama, recordé de pronto
la carta que escribí de madrugada, salté de
la cama para asearme y poder estar dispuesta antes del que
el cartero llegara.
Vuela, vuela carta hermosa como si fueras alada, para
llegar hasta mi amado, mensajera de palabras…
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Con violetas de amor, siempre besos de Vera.
Respuesta del amigo:
Hoy he recibido el llamado de Diana. Vino con una luz extraña
que pronto se hizo fuego para ocultar su influencia inevitable.
Se ocultaba Diana para cautivarme y ser la diosa. Cazadora
de lo esencial me trajo tu imagen decorada de rojo, vestida
del color de las rosas, y en tus ojos un carbón de
música. Se unió a esa imaginación contemplativa
la música del Patriarca Bach, para que no fuese tan
ardiente el deseo en mi sueño.
Había leído tu carta plena de amor y erotismo
sublimado, y me hallé de pronto sumergido en el volcán
del sueño y recurrí a la fértil imaginación
del amor. No sé si luego pude dormir; era una duermevela
erótica con música de Strawinski en su Consagración
de la primavera, para excitar todavía más
mis sentidos confusos entre el sueño y el blanco
sopor del hallazgo.
Después me he abandonado en un dulce delirio. Son
las cosas que me rodeas otras cosas. Veo a Donizetti en
la Primavera y te halló a ti en cuadro, tal como
la pintó el artista; o recuerdo las palabras de Aschenbach,
el personaje de Thomas Mann en su "Muerte en Venecia"
cuando habla de la belleza del Fedon platónico como
único sosiego al amor incontenible.
Estás en la palabra y estás de alma y cuerpo,
y no puedo decir cuál de esos atributos busco con
ansiedad delirante.
Todo es volcánico: tus ojos, tu presencia erótica:
Todo. Yo estoy en un sombrío aposento de libros de
donde escapan los duendes del mundo de la imaginación
y pretendo tomarte en tu completa realidad.
Besos de azoro y sin límites.
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Selección de textos escogidos de
© Manuela Carrión, cedidos amablemente por la
autora para su publicación en la revista mis Repoelas:
Carta a un amigo(XIX)
El otoño de la vida
~ : ~ Embriaguez ~ : ~ Unísono
~ : ~ Agua
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