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Mi amor, sos mi
amante sempiterno e incondicional
no lo dudes ni por un sólo instante de tu vida,
tú me haces reír, llorar, cantar, alegrar, bailar,
caminar a la vera de tu cielo; me acompañas
en cada paso que doy y cuando tropiezo y me caigo.
Eres mi mundo tu campo florido y colorido;
tus esencias me llenan el alma y mi corazón.
No sólo eres mi amante perpetuo e incondicional
pero fiel amigo, y no lo dudes por un instante,
tienes mis manos para levantarte tu caída,
para darte un abrazo fuerte, para darte amor,
para que en mi hombro, tus penas tristezas descansen.
Con hermoso cariño y amistad incondicional,
nosotros podemos construir tantos bellos castillos,
castillos de esperanzas, ilusiones y pasiones
y que son nuestra fortaleza para mantenernos
unidos contra viento y marea y sin pavoneos.
El amor y la amistad son una buena alianza y
consta en sabernos comprender y también dialogar
nuestras penas, gozos, dolores y felicidad.
Sabemos cuando somos muy felices o infelices,
cuando el amor y la amistad son incondicionales.
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