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Le he preguntado
a la vida cuál es su preocupación
Que la lleva a estar contrariada consigo misma
Cuando percibo de ella, trémulos y trepidantes vocablos
Mantos de nubes grises, pasean por la sutileza de su mirada.
Yo que la he visto tan jacarandosa, elegante, airosa
Compartir conmigo los latidos del corazón y suspiros
prolongados
De los cabellos enmarañados, dibujando un perfil llenos
de bucles y rosas.
Ella me ha dicho después de pintar, un paisaje de cenizas
y sombras
Que tiene el alma rugosa, que se ha enraizado el nombre de
una mujer
A quien le puso la fragancia de su sonrisa, los colores de
su amanecer
Pero de pronto se borraron los senderos, los camino de sus
besos
La llanura amplia de las caricias y tan solo existe un páramo
triste.
La vida me ha dicho, que por las noches el viento se roba
sus llantos
Que unos grillos carcomen por las esquinas, el susurro jadeante
de su respirar
Que sus sueños ya no crecen bamboleantes, como los
frutos de la higuera
Y el sollozo aletea intentando levantar vuelo, pero siempre
queda arrodillado a mi lado.
He tenido que llevarme a la vida con pasos de ambladura, un
domingo de lluvia a otros lares
He sembrado en la comisura de sus labios, para que crezca
con sus días, un hermoso ciprés
Tan cerca de la ribera de un sinuoso río, donde el
tiempo suele tejer momentos bordados
Y entre los zarzales de montaraz, agrestes, silvestres fueron
apareciendo capullos con aromas
Entonces comenzó a despertar nuevamente la vida y se
lanzó a las aguas del río
Jugueteando con los manatíes de las verdosas algas
sobre sus espaldas
Con los bufeos rosados dando vueltas y vueltas abrazados de
la vida
Mientras yo los observaba con los ojos entornados, henchido
de emoción
Para poder comprender que la vida es bella.
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