Escribir de puntillas
para no despertar al centinela,
calibrar el espacio que
va del infinito a este
horizonte preciso
que me filtra las sílabas,
buscar en mis manos ríos
que dictan horas.
Recorrer esta noche
tras el dios de la palabra,
tras la fuente que sacie a
la mantis, hiena en mis soles.
Fijar alas al reloj,
sufrir la levedad del soplo en la escarcha,
la fugacidad en nuestra arena.
Resistir la luz,
ese brillo siempre al borde de la dermis.
Y el anhelo
de vestirme criatura,
anhelo de sombras,
de oscuridad,
de común oscuridad.