Me duelen tus abrazos.
Recuerdo de una caricia perdida vagamente en mi cama.
Ahora se han ido hasta las ganas.
Bebo de la sangre de mis deseos acrecentados
Mientras busco un atisbo de calor entre tanta helada.
Unas manos frías tocan a la puerta del olvido.
—Entra, le digo. Aquí es tu Paraíso.
Embriagante musgo de la tentación perdida
Lleva mi alma a escondidas hasta tu rincón de seda.
Ahí, dónde tejen las risas y fabrican la mentira.
Aliciente de mi piel curtida trozo a trozo por tus deseos.
Locuras sin sentido.
He perdido un cascabel.
Préstame tus penas, tan calladas como las mías
Hagamos de ello un mar de suplicios que nunca termina.
Y eso que suena tan lejano?
Mi mente si... Perdida en vano.