|
Una
mala noche. Temprano despertar tras oír una alarma
que parecía darle pena incordiar. Alguien abre unos
ojos tristes para empezar el día.
Un café rápido. Esa mañana hasta el café
sabía diferente. Después un vestir deprisa y
corriendo al coche dirección a la estación de
tren. Frío en el andén. El tren aún así
llega a su hora. Demasiado temprano para que la gente lo abarrote.
Elige el asiento a su antojo.
Enfrente, él contesta con la misma mirada triste y
una sonrisa nostálgica. Hablan de cosas ajenas al corazón.
Corazón que late ahogado en pena. Pero en silencio.
Primera parada. Una pareja se despide en el andén opuesto.
Sonríen. Un abrazo y varios besos apasionados. Una
mirada de "hasta pronto" y desaparecen los dos:
ella, sube al tren. Él, abandona la parada echando
una última mirada atrás. Ambos trenes emprenden
su marcha. Desde la ventana, Alguien traga en seco la poca
saliva que su boca consigue segregar tras una noche de lágrimas.
Recordaba aquella intensidad. La misma que ahora teme haber
perdido. El chico de enfrente se resume a sonreír de
nuevo. Mirada incomprensible.
Segunda parada. Otra Ella baja sonriente del mismo tren en
los brazos impacientes de otro Él. Se besan apasionadamente.
Tres metros más a la izquierda, una nueva Ella salta
de alegría al verle a Él junto al perro. Impaciente.
Nervioso, le muerde los pantalones para hacerla agachar. De
rodillas, recibe los abrazos patosos entre besos perrunos
de un animal alegre por el reencuentro. Él se agacha
y la besa también allí mismo. Arrodillada y
con el perro atrapado entre sus pechos. Alguien sonríe
con nostalgia. Algún día tuvo lo mismo. Esa
pasión. Adoración al otro. El chico de enfrente
ni se percata. Su móvil le entretiene. El tren despide
de nuevo el andén.
Tercera parada. Mirada perdida. Dos ancianos bajan pesarosos
cada uno con sus pequeñas maletas. Llevan su vejez
hacia un nuevo destino o vuelven al de siempre. Desde el primer
momento que le miró a los ojos a él, Alguien
se veía bajando de un tren de su mano.
Ahora su alma tiembla con dolor. Quizás sea otra anciana
paseando pesarosa una maleta lila hacia un "dónde
sea". El tren deja atrás a los ancianos aún
abandonando el andén despacio a pie.
Y de nuevo. Ese sonido. Lo reconoce. Es el silencio que advierte
la última tormenta. La de "hasta siempre, Amor".
Alguien cerró los ojos. Intentaba sofocar tantas emociones
dispersas. Alguien pronto volverá abrirlos. Pero no
sabe de qué modo Él volverá a recibirlos.
Quizás el Mundo entero pierda su color de siempre.
Quizás a partir de hoy tenga uno diferente. Para los
dos. El chico de enfrente sigue ajeno a todo este parapente
de conclusiones. Alguien sabe que pronto las notará.
Última parada.
|