Sola,
con mi cuerpo,
mi presencia,
sin un desánimo,
abandono
mis pensamientos.
Sola,
por mis venas
fluye la sangre
y no encuentro una sola inclinación
que doblegue
mi árido desierto.
Sola,
en un mundo estéril
de forjados sucesos,
recuperé mi alma
que palidecía en la mirada
de efímeras remembranzas.
Sola,
seré polvareda
de arenas cálidas,
en un oasis de gotas tenues,
donde la brisa me acaricie
con la tibieza de la alborada
y el arrojo de tus soflamas.
Sola,
acompañada por mi poesía
como el canto de una galbana
hastiada por el tiempo
y acariciada por una famélica contradicción
de nombre; llamada amor.
Sola,
no hallo consuelo
y solo obtengo,
un perecedero recuerdo,
precario y tan fugaz
como una partícula en el tiempo.