Si intento caminar entre montañas
dejaré que la yerba crezca por la ladera,
que los rayos de sol penetren por la arboleda
junto al resplandor del arcoíris
y el canto de las cigüeñas.
Caminaré firme y constante,
como un colibrí en su aleteo
Sin brisa, ni viento,
y que solo me acompañe la paz y el silencio.
Y al amanecer
cuando el sol se ponga sobre el horizonte
y un aurea de luz blanca se pose sobre mis sabanas
seré como brasas
qué siempre dejarán ascuas.
Y en la cima de la montaña,
solo mi presencia me acompañara,
junto al vuelo de las aves y el calor de los rayos solares,
será el preludio de una mañana
que abrazará la felicidad de mi alma.