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Desde
el Atlántico azul sumergido,
un pan de tierra y lava cristalina
brilla con mística luz vespertina,
cual el más bello oasis emergido.
Por un extático magma dormido
entre retama de cañada albina
y sobre élitros de roca marina
divaga el blanco Alisio enardecido.
Las sirtes de un barranco consumado
entre pinares de copa extasiada
cantan a un mar de nubes nivelado.
Y una solemne costa enamorada
besa las torvas olas milenarias
que se abrazan a las Islas Canaria.
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