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Somos
pulso que libera
un vibrar evolutivo.
Un murmullo en la rivera
de los siempre misteriosos
bajo un Cosmos pensativo.
Un universo expansivo
que allende los mudos gozos
va observándose a sí mismo
en un himno de unidad.
Se vislumbran señales de un gran istmo
tras los párpados de la eternidad.
Todos los límites desaparecen
contra la sinapsis de una trasmeta
y las torvas dimensiones fenecen
en la catarsis de una mente quieta.
Una ménsula de luz coherente
colma la existencia más repleta
con veraz y mesiánico presente.
Una cuántica conciencia
va vibrando a borbotones
entre un éter de fotones
y ecuaciones de la ciencia.
El eslabón no se hallaba perdido,
pues en la conciencia siempre ha estado;
solamente se encontraba dormido,
y por fin ahora, ha despertado.
Las neuronas del ensueño
forman parte de la historia:
«cada ser crea su gloria
con la fuerza de su sueño».
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