Lo encontraron
dormido boca abajo
entre sábanas húmedas de encajes
y caricias de algas fétidas.
El mar degustó
el sabor intruso de su piel
aún no contaminada
y reprobó su cuerpo.
¿Qué podíais esperar
sino que la arena,
con su apagado rumor
de caracolas rotas,
borrara el rostro
de quien entró descalzo
en el mundo equivocado?