| Nada sé
de ti, vives en un mundo
pletórico y fabricas, de tu amor, al segundo,
barquitos de papel, que botas al mar,
que naveguen tristezas de palabras
pedregosas, locuras fatigosas,
entrañas blandas, pálidas, que flotan
en la lágrima gris que los afonda,
los amantes otorgan pañuelos de torero.
El fin del mundo lleva a tu escote
mi maligna mirada, es victoria
prometida, la tierra más sentida.
Nada sé de ti, poco importa,
lancemos sin dudar el estrambote,
que el cierzo inflame el sexo de enigmas,
y que rija engolado a la rosa honrosa
que los ojos admiran y queda sudorosa
al contemplar absorta y en borrosa
que emerge el iceberg del placer grimorio.
oculto en su oculto ingente mitote,
contra el que topo y baro mi amatorio.
He atracado en su maicillo.
De ordinario sopla un cruel aliento
pero así, muy quietito, quietísimo.
Se desprende el cimbel y la locura.
Lo dicho, nada sé de ti, a maitines.
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