|
Quiero llorar
contigo
desde la voz de dios
a los pasos sin eco:
calzo a las salamandras
con su auténtico verso de veneno,
al dibujar su brisa con las huellas
de olivos que florecen de tu sexo.
Duro en las horas muertas, aguardo
que deslice una letra de su próxima palabra,
una letra que me abra las venas con alas de mosquito,
me rasgue así la piel, con escalpelos de cielo de domingo,
la palabra que empape de saliva de miel mi pupila,
la que me precipite por un abismo luminoso,
consumido mi ánimo de tanto ángel, sin noticia
de Dios.
Y quiero a su palabra como al güsqui de
malta,
como al riego inconsciente de la locura entre olivos,
a las calles domadas por los pasos de bailarines furiosos,
con su máscara blanca, con los pies en un túnel
de abrazos.
El alma de palomas disfrazado,
levita entre las rosas y un sombrero.
Su vida, que me cruza en relámpago,
me tatúa en mi piel, todo su tiempo.
La quiero a ella,
debajo de las farolas sin leña.
|