Lo bueno y lo malo de los viernes por la tarde es, quizá,
la sensación de haberse merecido el descanso, de
haber alcanzado la meta semanal y al mismo tiempo ver cómo
tantas cosas quedan en el tintero. Lo bueno y lo malo. Lo
recto y lo incorrecto. Cuando el sol se va ya y presagia
el primero de tantos viernes oscuros porque has llevado
a tu vida a un túnel sin salida, te has convertido
sin darte cuenta o sin querer hacerlo en uno de esos que
salen a comprar con el coche para cargar lo suficiente para
todo el fin de semana y que mira a las dependientas de las
tiendas con deseo, como si en ellas estuviera la respuesta,
la solución a un viernes que se anochece y presagia
un sábado más de radio, café y libros.
La esperanza reside en los ojos de quienes nos atienden.
No, no quiero un kilo de patatas, te quiero a ti.
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