LA
LAGUNA DE LOS CABALLOS DESNUDOS |
¿Recuerdas aquel sueño que soñamos
un día?
Barlovento era el norte.
La isla que termina al final de mi cuerpo.
La puerta que se abre para iniciar el rumbo
que cambiará la vida.
Barlovento era el aire enredado a tus brazos
como finos alambres de tristeza.
Era lluvia en el alma.
La bruma como almohada.
Pequeñas cicatrices sobre el agua
formando peces negros a tu espalda.
Barlovento era un valle.
Una enorme laguna de caballos desnudos
que pintaste una tarde mirando el hueco abierto
que dejaban las penas en mi pecho.
¿Lo recuerdas?
La tierra era pequeña y estaba en nuestras manos.
Y tú, como el pequeño príncipe,
reinventabas el mundo sobre un cráter de luna
abierto a la memoria de mis ojos.
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