| CON
UNA VIEJA AMIGA |
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No soporta a los hijos de su novio.
Yo tampoco soporto a los adolescentes,
digo, para quitarle dramatismo.
La adolescencia es un artificio, añado,
un invento burgués.
Ella me mira como preguntándose
si me soportaría a mí por mucho tiempo.
Llegamos a un rincón entre castaños,
un arroyo sombrío. Desde el puente
vemos flotar las hojas. En octubre
tiene todo este valle un aire recogido,
de estar fuera del mundo,
y eso es precisamente,
lo que deseo: estar fuera del mundo,
refugiarme en algún palacete de indiano
-¿alquilarán buhardillas con derecho a cocina?-
y ver caer las hojas,
asomarme al jardín por las mañanas,
poner la vida entera bajo un signo rojizo,
amarillento, un poco fané. Baja la niebla
desde los montes ásperos y oscuros
que rodean el valle. Se está haciendo de noche.
No soporta a los hijos de su novio.
Yo no soporto a nadie, en realidad.
Pero no se lo digo. No hace falta.
Buscamos un lugar que no sea muy rústico
donde poder cenar y tomar una copa.
Un rincón licencioso en el edén
hasta donde no llegue el eco imperativo
de los pasos de Dios.
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Selección de poemas de ©
Miguel Ibáñez de la Cuesta, elegidos amablemente
por el autor, para su publicación en la revista mis
Repoelas:
Con una vieja amiga
Presagios
Ruego
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