Manzano,
mirlo, febrero
Aún latiendo en muerte
por la ventana en rejas
contemplo del manzano esas sus ramas.
La lluvia de febrero y sus aires
construyen una trampa minuciosa
donde cae mi mirada
mientras el mirlo sueña
la lombriz bajo tierra.
Absorta en el esfuerzo
de la luz tenebrosa y presentida
la tierra se despierta lentamente
y sueña ser pisadas peregrinas
contra allá, más allá de ese concepto,
más allá de la cóncava existencia
más profunda, en lo hondo y en lo fértil.
También yo, que veo.
También yo que en la piel de los recuerdos
percibo la reseca corteza del manzano,
del mirlo, el salto hambriento,
de febrero, este aire frío y esta lluvia
terca que cae sin parar, consumiendo el día.
Mi hija
absorta en un programa de Mickey Mouse
grita alegre. Recuerdo:
la trampa, el poema.
También en el invierno
hay bastantes motivos para celebraciones.
Una última imagen, como llama
que relumbra en el día y su brevedad: el mirlo
sobre la lombriz salta. Las ramas del manzano
se agitan en el ansia de ser prófuga flor.
Yo miro: soy.