Le
has amado tantas veces
que el perdón es una metamorfosis,
con la que lidiar cada mañana,
intentando sembrar abriles
pero solo quedan noches oscuras,
profanando el pétalo de la dulzura.
Como gacela herida te escondes
entre las ramas asesinas de ilusiones,
espinas punzantes en una cárcel
de
mentiras
donde nunca se acaba la condena.
Hay que huir, olvidar lo olvidado
con dignidad y orgullo, con el afónico
grito que rompe murallas en silencio.
No hay que parar ante el barro
de
lagrimas y polvo
hiriendo los pies en el camino
que se borra con cada beso de libertad.
Bajo tu cuerpo desnudo descubres
los espejos que no mienten, te creces,
te descubres con coraje ante la huida
y el miedo ya no tiene vigencia, es frágil
como la tela de araña manchada de roció,
donde los amaneceres pierden las ilusiones,
hay que inventarse un nuevo horizonte
para
extraviar
aquellos sufrimientos sin identidad
que te hacen vulnerable detrás de la ventana
donde quedaron los pasos que no retornan
sin
necesidad de huir.