Porque
sigues siendo como el mar de aguas tibias
que besaba mis pasos en la arena
mojada, contigo por la playa sin luna
aquella noche contándome al oído
una canción antigua.
Porque tu voz en el río de piedras
me sonaba tan cerca y corrías tras mi voz
tan ligera y querías alcanzarla
sin dilación.
Porque rompiste la cadena oculta
de eslabones como garras que resbalaron
por tu torso y se abrió el cosmos de caricias
para mis manos.
Para ti.
Porque aún me pides las risas
que reímos cerca de la plaza
de las flores, translúcidas al tacto
misterioso, del vaivén de nuestros pasos.
Y mientras reíamos te ibas alejando
de tu pasado sin la calma.
Vivo aún tan cerca de aquel once de octubre...