Y yo también me iré
y quedarán los plásticos reinando.
También se irán los pájaros,
uno a uno, agotados y en silencio.
Ya no habrá ruiseñores ni poetas
que le canten en mayo a la alborada.
Se secará mi huerto
y los geranios rojos de mi patio.
Y quedará mi pueblo sombrío y solitario
con sus calles desiertas,
-territorio arrasado-
y, encima de la torre de su iglesia,
ocultándolo todo,
dominándolo todo,
asfixiándolo todo,
una tóxica nube de plástico.