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El
arte no estaba en la calavera que sirvió de molde.
El arte no está en el platino que absorbió su
forma sin ética ni magia. El arte no está en
los miles de diamantes que se adhieren a su forma shakespeariana
-un diamante no se cuestiona si ser o no ser; un diamante
no vale más que una pestaña-. El arte no está
en las cuencas enigmáticas, hoy brillantes y oscuras
a un tiempo, como la cueva de Platón. El arte no está
en las cuencas exhibidas, hoy profundas y desiertas como un
cráter prehistórico. El arte, si es que existe,
estuvo en lo que alguna vez vivió encerrado detrás
de esas cuencas, hoy ausentes y absurdas como todo lo accesorio.
Hoy ridículas como todo aquello que es devorado por
las fauces hambrientas del mercadeo. |