Estar
en tu presencia no me importa
y no se me acelera el corazón.
Respiro con total normalidad
y no corren sudores por mi espalda
cuando activas el brillo de tus ojos
y hacia mí los diriges sin piedad.
También a tu sonrisa soy inmune.
¿A mí qué más me da esa curvatura
y ese rojo imposible de tus labios?
Ni el roce de tu piel, eso tampoco
me provoca esta carne de gallina.
Y puedo prometerte que en la noche
no pienso en tu silueta y no te cuelas
jamás por las rendijas de mis sueños.
Podría asegurarte que no miento.