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poema de  Daniel Casado

LOS AMANECERES ROTOS




El teléfono podía sonar en cualquier momento.
El servicio 24 horas me avisaba de inmediato.
Tras repasar la documentación, enfundados
el traje y la corbata, acudía raudo a la cita.

El tanatorio o la casa del difunto, lo mismo daba.
Los hombres en la calle, las mujeres dentro, llorando.
La desgracia rebotando en las paredes.

A veces se la esperaba; otras, naturalmente,
llegaba por sorpresa. Los chicos de la funeraria
hacían bien su trabajo, nunca hubo problemas.

La anciana que pasó tres días en el suelo, inconsciente,
hasta que el olor alertó a los vecinos.

El hijo que, agradecido, firmó con urgencia los papeles
y sólo pensaba en marcharse lo más lejos posible.

La novia embarazada que esperó toda la noche
a que su chico volviera con la nueva motocicleta.

A otros, en cambio, nadie les lloraba.

Dispensé a todos el mismo tratamiento,
el mejor servicio posible, mi atención personal.
El duro consuelo de la vieja fraternidad humana
resultó más eficaz que todo lo pactado.

Buscaba siempre un minuto a solas con el muerto.
Cerraba los ojos y rezaba –a veces rápidamente-
un padrenuestro.

Esas palabras
tendían un hilo de amor hacia la Luz,
un sendero de paz y descanso.

Luego, en silencio, cruzaba los amaneceres rotos.

Regresaba a mi vida sintiéndome útil, sereno,
extrañamente feliz.

 

Poemas seleccionados por el poeta músico y gestor cultural © Daniel Casado , para su publicación en la revista mis Repoelas:



LOS AMANECERES ROTOS


ELEVADOR DE SANTA JUSTA


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras