Mis
pasos se arrodillan de tanto errar por mi propia geometría
—por
este laberinto pedregoso con cicatrices fosilizadas—
sus agudas esquinas tan fuerte me hieren los roces
que ya no sé por dónde empieza mi ser en este
abismo
de búsquedas...
El camino tumultuoso se aclara cuando cobra forma de espiral,
el vuelo se reanuda para alzarse a través de la palabra.
AZAR
Dios
camina
descalzo
sobre
mi
alma
la
amasa
y
la
amasa
hasta
que
cobra
forma
de
luz.