En
el alba del instante
me cogiste de la mano,
y hemos ido corriendo
a ciegas,
por las sendas de las palabras.
Hasta que
nos hemos perdido
en un comienzo de mundo.
De tu mirada
me has tejido
vestimenta de gala...
y yo,
como una eva,
te tentaba
al hurto de las cerezas...
Más tarde,
el asombro del ocaso
nos ha esculpido
en el aroma de las cerezas.