Es
el graznido de todas las aves juntas que llama a la transparencia.
Está sola la pupila en el ojo que se cierra. Comprendes
el paso lento a ciegas en tu luz por el mundo. Tú en
él quieta y eterna como cielo. Es una gasa sin tejido
que no traspasa otras luces que no sean tú sin tu cuerpo
solo.
me pongo en tus manos solas. Comprendes el sonido de los
dedos que palpan las invisibles costuras tuyas sin cuerpo.
El sol mi padre sobre todos los objetos sin contorno, yo
en la disolución. Mueves tu pincel para diluir, tus
dedos sobre el teclado para diluir, a ciegas sin cincel.
Como una trompeta anuncias la decadencia. Como una trompeta
abres las puertas siempre abiertas, en el laberinto donde
no hay sino piedras y rocas y costuras y fragmentos y muchos
nombres extraños para la piel intacta.
Intactas las manos y el cuerpo queda obsoleto sobre las
sábanas. Eternamente en sí está el
aire. Como presencia.
un breve piar, una piedra. Fragmento absurdo de tu voz
y de tu mano. En el mundo hostil donde no ves, hermanos,
padre, sol, roca. Buscas la comunión de los peces
en el agua donde se nada y no hay océano. La mano
en el aire. Sostenida dulce.
Comprendes la mano vuela y es como una taquigrafía
del destino. Queda sin entidad en el aire.