Tu cuerpo de mujer es como el agua
que erosiona y socava el cuerpo mío
y humedece la arcilla entre mis dedos,
levedad para el tacto y los ojos cerrados
que te saben e inventan junto al agua
y sus nombres de tiempo detenido.
El manantial de las bocas saliva
un río por el pecho descendiendo
al vértice carnal de la lujuria
y al delta consumado de la vida.
Tu cuerpo se me abre como un libro,
caracola de sombras y de lunas,
crisol donde conforma la alegría
la estética secreta de la dicha,
torrente que desciendo y me desciende
con el deseo frágil de los remos.
Río que es todo cuerpo y es mi mundo
de agua, agua que nombro y que navego,
agua que bebo, penetro, escribo,
agua carnal, agua de amor. Sed mía.