De
su blanca estampa el corcel presume
sobre el horizonte espuma marina
en sus ojos mirada coralina
y en su crin de azahar es el perfume.
Ser cabalgadura olímpica asume
y de Belerofonte diamantina
viaje que a todo mortal alucina
vuela sin que hazaña alguna le abrume.
Rocín que bebe celestes estrellas
galope —libertad infatigable—
entre los sueños siempre dejas huellas.
Quiero cabalgar en tu grupa amable
al “Arcoiris” por sus sendas más bellas;
de los dioses, recorrido insondable.