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No
hay aire suficiente en el pulmón
que describa la luz
la sed del hombre
un sueño.
Un cántico apostrofado me marca,
médula de mis huesos,
de luz, de sed,
de sueños.
Soy sombra
en el océano
que busco mi bahía
en la que atracar el barco de Ulises.
En las tormentas
a su madera me aferro.
Y las gaviotas
me acompañan en vuelo.
Al beber tu cicuta,
retórica homicida,
lo del derecho está siempre al revés;
no pienso cuando pienso.
Mis gritos apagados
cuando caigo en su cueva
y observo los espectros de Platón
mirando a la pared.
Cuando ya no hay marea
busco mi luz
he de apagar mi sed
soy un electrón desacompasado
en tierras cuánticas viajando en tren.
Sólo sé que no sé nada, no sé.
Este estado de incertidumbre
de ser, no ser.
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