Con
los zapatos rotos por el vértigo
forjé esta ciudad de mármol antiguo.
Los días cobran un nuevo sentido
en la esquina pétrea del reloj.
Y ante el desasosiego busco el aire,
destruir la raíz de todos los vértigos.
Las luces son mis trampas transitorias.
Mis sombras forman nuevas paradojas.
Y mis huellas recorren las cenizas,
fugaces caimanes de los deseos.
Las olas van borrando los secretos
que la noche fue escribiendo en la arena.
Así suena la carne de lo efímero
susurrando sus versos a la espuma.