En
un principio fue pequeño insondable la mirada,
ojos negros centelleantes como astros en la noche
y su cuerpo contorneado avivando sus impulsos
existencia tan fugaz, vigorosa y derramada.
Era un ángel de alas negras desplegando su belleza
con estirpe combatiente y una muerte asegurada,
con la fuerza de los siglos alentando su bravura
y en el duelo de la arena la agonía y la tristeza.
Con un giro y contra giro exaltaba su majeza
infortunio del destino vislumbrando la tragedia,
cuánto vives, cuándo mueres, y tu sangre tiñe
el suelo,
¿Es posible que derramen jubilosos tu realeza?
En la tierra de los reyes te adoraron sabiamente
en el aire, en la tierra, en el agua, y en el fuego,
un bizarro victorioso con su estoque va marchando
y la masa lo proclama un señor honrosamente.
Son mensajes sibilinos que nos manda el universo
expurgando las heridas emanadas de otra era,
que se cierren de inmediato de una vez y para siempre
miedos culpas y soberbias de un pasado tan inmerso.
No concibo los mortales endiosados con la muerte
de los otros inocentes humillados de la vida,
esa lid es despareja más que lid es la matanza
de los otros indefensos que no tienen tanta suerte.