Indolencia que se tornó vapor entres sus manos,
y desnudó a la mujer en núcleos rotos,
dando pábulo al vano de la ausencia
y al abandono de fieles caricias encubiertas.
Hembra estéril, agrietada y ruina,
omitidos pasos en corros infinitos,
ahítos de escarcha y bruma disidente.
Rojo enjambre resquebrajado y yermo,
meretriz en un baile sin credos,
tan solo un acorde de rocío y niebla
y un corazón en un alma bisiesta.