Cielo era una niña de seis años que adoraba
los paseos en primavera junto a su familia. Una de las cosas
que más le agradaba era caminar entre las flores,
pero con una particularidad, jamás las cortaba, pues
seguía el consejo de su abuela:
-"Nada mejor para una flor que seguir perfumando el
camino para todos los que pasan y embelleciendo el lugar".
Una primavera, Cielo vio a su primo mayor cortando flores.
Ella muy dulcemente le dijo :
-"Tomás, ¿no recuerdas el consejo de
la abuela? ¿Para qué cortas las flores?."
Tomás de doce años, le contestó:
-"Es que me gusta una compañera y quiero llevárselas".
Cielo mirándolo fijo le respondió :
-"Pues es mucho mejor que traigas a tu amiga a pasear
con nosotros y que disfrute de la belleza de ellas sin cortarlas.¡Y
hasta pueden sacarse fotos!.Si las cortas se marchitarán
en pocos días y no podrán volver a nacer el
próximo año".
Tomás comprendió que Cielo tenía razón
y la abuela estaba orgullosa de su pequeña nieta
porque había entendido el valor de las flores en
primavera.