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Tengo
un corazón que siembra,
que siembra palomas,
en un manantial de promesas,
promesas muertas, ...
que llora, que tiembla
por toda esa maldita metralla
que a los niños atraviesa,
que su eco se hace inmenso
para que llegue su verbo,
amar, es la conciencia,
permitir, respetar, amar,
es el precio que se ha de pagar,
retroceder a la infancia
donde sólo se sabe querer.
No más bombas que matan siervos,
indefensos, con hambre en sus pechos,
que le roban a la vida su sustento,
y cambia el viaje del peregrino,
mata al reloj, ataja su tiempo,
acelera el dolor y aviva el miedo.
Y el paisaje de árboles y monumentos,
enajenados a un averno
de fuegos que lo arrasan todo,
ciegas lagunas, mares muertos,
cemento, que a piedras, va cayendo,
cielos en sinfonía sorda,
se oye sólo el silencio,
como un acorde roto,
hermano contra hermano,
puñales sangrientos,
miseria en las miradas
que quedaron vivas y la memoria,
como un buitre, acechando
nuestro rencor, nuestra impotencia,
que lentamente se va el ser humano desnutriendo,
desapareciendo...,
El hombre mismo agarró un puñal
y se lo clavó en su cuerpo.
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