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Se
rasgó la noche,
esa misma noche
que compartió conmigo
las rimas y leyendas
del poeta,
esa noche que veló
por mí cuando yacía
entre las suaves o recias
sombras de los sueños,
esa noche que alumbró
con una estela anaranjada,
mi voz callada,
mi sentimiento.
Se rasgó la noche,
atormentada,
por los necios vientos
que maldecían su bello manto,
enardecido de luces
cristalinas que lucían.
Celoso el viento lo quebró
y cayeron las luces
en un mar fosco,
quedando muertas y fundidas.
Se rasgó la noche,
y aún su luna brilla,
y aún guarda en su vientre
mis suspiros, mis silencios,
mis palabras errantes,
aún guarda mis versos.
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