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poema de   Mercedes Martínez

EL HILO Y LA ESPADA



Mi hermano lo hubiera destrozado
y hubiera esparcido sus miembros,
después de ensartarle,
en las galerías de su cautiverio.

Mi hermano, ese ser deforme
de cráneo abultado,
ese demente lleno de lascivia
que estremece el palacio con sus bramidos.

Mi señor Dioniso me susurró en el viento
y mía fue la estrategia.
Teseo puso la inconsciencia,
la fuerza bruta y el afán de gloria.

Miré a aquel imberbe fatuo
con ojos húmedos y rendidos,
mientras ponía en sus manos
el hilo y la espada.

Volvió cubierto de sangre.
Le hice sentir un héroe,
huimos hacia Creta,
le susurré, entre gemidos, las mieles de la gloria.

Creyó raptarme cuando me trajo a Lemnos
también creyó abandonarme a mi suerte.
Mientras, desnuda con la corona de flores,
Espero a mi amado como una ménade más.


LA SANGRE Y EL VINO HAN SIDO DERRAMADOS

 
La sangre y el vino han sido derramados.
los taburetes volcados, las mesas astilladas.
El vencedor ruge y escupe la rabia
y su hijo le sigue, destruyendo con furia
cualquier recuerdo de humillaciones pasadas,
de espectador invisible y silencioso,
de príncipe destronado por las fieras.
El odio y la ira rugen como la lava
abrasando las entrañas.

Cuando los que han vengado su honor
llegan a los aposentos de la mujer que teje,
encuentran a una vieja nodriza
temblorosa y casi ciega sentada ante el tapiz.
Antes de ser estrangulada por las manos de su señor,
confesó: Os engañó a todos, a ti, a su hijo
y a los bárbaros de los pretendientes.
Penélope huyó al poco de tu partida,
nunca supimos dónde se fue.

 

Poemas seleccionados por la poeta © Mercedes Martínez, de varios de sus poemarios para su publicación en la revista mis Repoelas:



El hilo y la espada


Epifanía




 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras