La sangre
y el vino han sido derramados.
los taburetes volcados, las mesas astilladas.
El vencedor ruge y escupe la rabia
y su hijo le sigue, destruyendo con furia
cualquier recuerdo de humillaciones pasadas,
de espectador invisible y silencioso,
de príncipe destronado por las fieras.
El odio y la ira rugen como la lava
abrasando las entrañas.
Cuando los que han vengado su honor
llegan a los aposentos de la mujer que teje,
encuentran a una vieja nodriza
temblorosa y casi ciega sentada ante el tapiz.
Antes de ser estrangulada por las manos de su señor,
confesó: Os engañó a todos, a ti, a
su hijo
y a los bárbaros de los pretendientes.
Penélope huyó al poco de tu partida,
nunca supimos dónde se fue.