I
De la historia apócrifa del agua
han hablado los versos de los ciegos,
pues ella es origen y sustrato,
todo lo abarca y todo lo gobierna.
En el principio,
la oscuridad que escondía la oscuridad
era agua.
Agua que arde de deseo,
semilla y fuente,
océano primordial.
II
Las aguas fueron fecundadas
por el germen y el aliento de los dioses,
se separaron del lodo primitivo
y parieron el universo.
Marduk extendió la tierra sobre una alfombra
que flotaba sobre las aguas.
Prajapati yacía con los ojos cerrados
y en su interior,
guardaba en silencio el agua que hierve.
Agua al comienzo, agua al final,
agua que acoge todo germen,
agua de donde nacen las formas
y a la que retornan.
III
Puede que el agua que ahora bebo
sea la misma que calmó la sed
del príncipe Asterión en su palacio.
La misma que brotaba
del jardín de las Hespérides.
La misma que mana en el pozo
donde acuden las mujeres
y la que brilla en el mar
entre luces de tormenta.
Esa misma agua
que lava las culpas,
apacigua mi sed
y extingue los incendios.
Agua eterna, siempre la misma,
soy en ti y en ti me envuelvo,
en tu manto de madre.