Esta brisa,
que no sé de dónde viene,
se cuela en la habitación,
alborota los papeles,
me trastoca los recuerdos
y parece
un beso de caramelo,
que sabe a dulce de leche.
Se pasea descarada
va por donde le apetece,
me revuelve los cajones,
buscando entre los juguetes
aquellos que ya no sirven,
o aquellos que nadie quiere.
Ha dejado en el balcon
sonidos de azul y verde,
color de canela y menta,
y encaje resuelto en nieve.
Igual que vino se va,
de pronto, desaparece
y me deja desvalida
de las manos a las sienes,
y sin pudor en el pelo,
que no para de dolerme,
como duele entre las nubes
el viento antiguo del este
o esa fiebre de agua fría
que en mi centro se estremece.