Hubo
un tiempo
en el que no temía a nada,
sin saber la existencia de los valles
profundos que hoy me asustan,
pero ya los he visto, los conozco,
sé cómo huelen,
cómo erizan la piel estando cerca.
No
hablo de mí,
hoy hablo de tus miedos,
esos que callas,
que intentas ocultar
inútilmente,
que se asoman, que sienten
el vértigo
a lo desconocido.
A veces los vestimos
de imprecisas palabras
para ocultar su rostro,
pero siguen ahí,
enredados
en las oscuras noches.