Presiento el invierno
sembrado de escarcha
y un irse callado del tiempo raído,
volviéndose sombras los árboles viejos
y en ecos lejanos la voz de los nidos.
Tu imagen me llega dispersa en el hielo
silente reflejo de un canto perdido,
destellan la tarde tus ojos oscuros
mirando las formas que llora el olvido.
Siluetas extrañas allá en los esteros
me traen tus deseos de junio tranquilo,
mujer hecha brisa buscando el recuerdo
de albores pasados cubiertos de frío.
El paso liviano en mañanas fugaces
marcó mis entrañas tu pie de rocío
y un viento descalzo llevando la noche
cargó en sus miserias tu cuerpo dormido.
|