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figura de caballero andante, es un fragmanto de un poema de Cristina Guerrero

FEBRERO CATORCE!!!

 

Febrero catorce en la alambrada del desierto
de este cuarto, nuestro cuarto entumecido,
que espera un día recupere
tu aroma a incienso y a rosales en el viento.

La mañana muestra colores asonantes
que mi alma entiende no sabe cómo y con dificultades,
y la ausencia de tu figura de caballero andante,
se pierde en el silencio de una voz que tras la ruta escondida entre los Andes,
me llama suplicante y me pide el beso que calcinaba anteriormente tu alma, ahora errante.

Me ciega la luz de un sol que no alumbra
nada mas, que la pluma que olvidaste sobre la mesita de noche
que desterrada en el oscuro rincón de mis soledades
se esfuerza por cautivar mi interés y devolverme la esperanza
de que pronto llegarás a besarme.

Tu reflejo en el ventanal matutino de este Febrero,
de este eterno Febrero,
rompe en fragmentos diminutos
los azules broches de mi cuerpo
que se mantienen prisioneros en el kilómetro cero
junto a la canción encendida en miel
que solía hacerse música entre risas
las mañanas de un domingo, ahora austero.

Y es que es así tu recuerdo perenne y fresco,
cual gota de rocío que baña la hoja somnolienta y la despierta
y trae al día una respuesta
que viaja entre las alas de un gorrión
que aunque haga el esfuerzo de llegar a tus manos con esta flor
solo llega hasta el umbral
que cuida y vigila la nostalgia
en esta línea llamada frontera
que hoy se vuelve mi enemiga.

Donde está tu aroma?
donde se ha ido el calor de tu palabra?
Me quedo en silencio para oír la brisa
y esperar que en ella venga el roce púrpura de tu voz
que sé, me está llamando tras los Alpes,
y me invita a volar sobre tu lecho
y entre el aire compuesto de besos
deje caer mi amor
sobre lo que hoy no es más que un recuerdo.

Y es que te amo con el fuego del ayer
y la esperanza del hoy,
con esta lágrima incandescente que recorre mi mejilla,
aquella mejilla que en las noches de junio
recogía tus besos y se quedaban impresos hasta que llegaba la mañana
cuando el calor de nuestros cuerpos convertía en primavera
el invierno destinado a usar su fuerza
y congelar las rosadas caricias que enmudecían bajo las sábanas.

Vuelve ya mi caballero andante
y devuelve a ésta, tu dama, su sonrisa ahora congelada,
vuelve y espósate a mi alma,
derriba el cristal que te limita a caminar por la alborada blanca,
y deslízate entre los sueños de volver a ver la pluma,
que dejaste olvidada,
y que así escribas con ella los versos que ahora te hacen falta.

Vuelve a los brazos solitarios de tu sirena soñada,
vuelve para que un susurro tuyo me encienda la mirada,
después de que viéndome a los ojos
se impregne en ellos el poema que nace de tu alma,
y para que hagamos con este sentimiento un puente
que alcance horizontes clandestinos en el tiempo
y sigamos siendo tu y yo siempre
sobre Los Andes o Los Alpes, para siempre
Eternamente

otros poemas de Cristina Guerrero Sandoval:

Ese abrazo interminable

Eso llamado amor

Febrero catorce!!!

 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras