Sobre
mi mano.
el cadáver de la mandrágora.
caballitos de mar,
beben de sus pupilas moradas.
Una estrella fugaz grita
cortando el alba.
por sus heridas abiertas,
manadas de nubes rojas se desangran.
En medio de la luna. una pupila blanca.
Y en lo alto de la torre,
el espíritu de un monje ciego.
toca las campanas.
Sobre mis manos abiertas,
duerme. acurrucada la mandrágora.
Niño muerto. con unos latidos muy pequeñitos
que suenan, a rumor azul de agua.
Y en sus ojitos apagados,
los rebaños de caballitos de mar
Beben agua de sus pupilas moradas
Descansa niño,
Descansa. reposando sobre la tierra
tu cuerpecito de niebla blanca.
Que ya te hago yo. para que duermas feliz
una cuna con flores y con hierba