Sobre mi sien dormida.
Crece el ramo salvaje de las azucenas.
diminutas manos arañan con dedos de luna afilada,
una herida abriera.
por donde se escapan volando pajaritas de papel y cometas
Dos canarios, que se colaron por mi boca de piedra
entrelazan sus picos dentro de mi garganta.
Robando para si mi canto
llevándoselo a sus hijos que tienen hambre de melodía.
y pian desesperados,
Rompido con su afilado piquito la tela que cubre el cielo.
Se callaran de golpe
los gritos angustiosos de los claveles.
Cuando el tiempo,
Llene mi boca con cucharadas de tierra.
y los demonios de mi locura interiores,
duerman a pierna suelta.
Cuando mi cuerpo sea el jardín invisible,
del que pasten, los vientos del norte y del sur.
Y mis huesos de luna,
Sean el agua de la que beban el cielo y las piedras.
Cuando los cipreses desde sus torres verdes,
ciñan las campanas.
y las cigüeñas crucen volando el gris cielo,
Mostrando a las nubes su esqueleto.
y llevando sobre sus picos de paja quemada.
A sus hijos muertos.
Entonces el ultimo trueno azul del noche,
cruzara mi cráneo de tierra,
atravesando mis ojos. con sus flechas.
hasta hacer nido,
En lo mas profundo de mis pupilas negra