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Llevas
en tu corriente el fuego en rebeldía;
fundes plomo y hierro.
Como un volcán te convulsas arrastrándome
con fuerza a la orilla de tus labios
tan hambrientos,
mostrando los largos colmillos y los dientes.
Vas dejando cenizas a tu paso,
viertes las copas de lava y nieve incandescente.
Brindas al bordo de una tumba donde te espero
cada día en los remansos de la tristeza.
Nuestro lecho está en estas arenas,
en estas cumbres peinadas por el viento.
Quema mis ropas y la piel misma;
funde en mi carne tu sangre
con destellos de holocausto
para volvernos transparentes
al avecinarse un orgasmo sin freno.
Llevas un vendaval sobre tus surcos
y el fuego en rebeldía
como un adolescente sobresaltado,
empapado en el descubrimiento del deseo.
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