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¿Quieres
que te escancie el vino a tu boca
o sobre tu corazón? No importa;
de todos modos, el vino desata
sus burbujas y causa sus estragos.
El vino ha vencido; de rodillas
caemos sobre la piedra pulida
por el viento, desatando los instintos
en antigua postración, para alzarnos
en la ebriedad como seres divinos.
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