Te vas
y se van contigo el mar y los andamios
que sostienen mis ojos en el aire.
Te llevas también el abandono,
inapelable sentencia,
consumada en un faro derruido.
Te vas
y mis brazos destierran su argumento.
Entra en coma mi piel para extinguirse
en cualquier descuido de la noche.
Te vas,
sin rendirle cuentas a mis manos.
Atónitas y torpes rastrean tus indicios
y tiemblan de estupor en su orfandad.