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NUNCA MÁS

Frida y Antonio.

— ¡Suéltame!

— ¡Cállate! —gritaba Antonio mientras, como ya era costumbre, le propinaba una certera bofetada a su esposa Frida.
La pareja se había conocido cinco años atrás en la fiesta de quince años que los padres de Frida le habían organizado con tanto sacrificio, si bien no eran de una familia de clase baja, tampoco eran de una clase que se pudiera dar el lujo de derrochar dinero al por mayor.
Desde el momento en que Frida y Antonio fueron presentados, por un amigo en común, se volvieron inseparables. Después del vals, Frida bailo con su nuevo pretendiente, Antonio.
Él no pudo resistirse a los encantos físicos de Frida; su joven y atractivo cuerpo le llamó demasiado la atención al chico de veinte años, por lo que no perdió tiempo en conquistarla.
Ella con su largo vestido lila se sentía como toda una princesa frente a un muy posible príncipe azul.
Frida quedó deslumbrada ante todas las muestras de cariño y caballerosidad que Antonio le presentaba, además de ser un atractivo moreno que para los ojos de Frida era el joven más atractivo que sus ojos castaños hubieran visto jamás.
Después de esa noche, las salidas como conocidos se hicieron cada vez más frecuentes; cines, bailes, cafeterías, parques, fueron algunos de los escenarios que la joven pareja hizo participes de su creciente historia de amor.
Poco tiempo después los amigos se hicieron novios. Lo que para ella implicaba tener a su lado a una persona con la que podía contar, en la que podía confiar y abrir su corazón, para él era un paso más a ser el total y único dueño de la joven ilusionada.
Unos pocos meses bastaron para que Frida entregara su cuerpo y alma a Antonio, el resultado, un embarazo no planeado, pero a la vez bien recibido.
Sin bombos ni platillos, sin vestido blanco y sin un “los declaro marido y mujer”, Frida salió de la casa de sus padres para vivir en la pequeña, pero cómoda casa de los padres de Antonio.
Toda quimera que Frida guardaba en su mente de tener una vida feliz en familia se fue desmoronando.
El verdadero carácter, fuerte y posesivo, de Antonio fue saliendo a flote.
Los celos llegaron al extremo de impedir que su mujer saliera de la casa, lo que provoco que cualquier rastro de amistad que Frida poseyó se esfumara.
Sola, cautiva cual prisionero en casa de sus suegros y como única compañía su cuñado de diecisiete años, Efrain.
El día dos de febrero fue el día del acontecimiento más maravilloso que le pudo pasar a Frida, ahora a sus dieciséis años su pequeño Ángel había llegado a sus brazos. Antonio parecía contento y entusiasmado de tener a su pequeño a su lado.
Los primeros meses de vida de Ángel los pasaron en casa de los padres de Frida, para que su madre le ayudara con el bebé. Medio año más tarde, Antonio consiguió rentar dos cuartos en una vecindad cercana, se mudaron a los pocos días.
A Frida se le veía más contenta, parecía que con la llegada de Ángel los celos y el carácter de Antonio se habían ablandado. Que equivocada estaba.
No paso ni un año cuando Antonio comenzó a llegar en estado de ebriedad, otras ocasiones solo llegaba molesto y de mal humor, pero siempre con el mismo resultado: gritos, llanto y luego el silencio.
—¡Eres una inútil! ¡Ni para eso sirves! ¡Son un estorbo! ¡Maldito el día en que te conocí! — Eran los insultos preferidos que Antonio le escupía a Frida.
Los primeros años ella se limitaba a llorar y a asentir con la cabeza, no podía entender como aquel hombre, del que se había enamorado poco tiempo atrás, se hubiera transformado en un monstruo tan horrible para ella.
El llanto de Frida fue cesando, el único llanto que ahora se oía era el del pequeño Ángel, al cual no le quedaba más que ser un espectador del show de sus padres. Toda pizca de respeto entre la pareja había desaparecido, el mutismo de Frida se volvió reproche y respuestas a los insultos de aquel hombre que ya no amaba.
—¡Si no te gusta, lárgate! ¡Te odio! ¡Eres un parásito, mal nacido! ¡Mira como nos tienes! ¡Ojalá te mueras! —Frases dichas con tres años de resentimiento.
Antonio que trabajaba de mecánico, se exasperaba cada vez más. Se había mantenido como el típico macho al llegar a gritar a su casa y poner, según él, orden, pero ahora su mujer había aprendido a reprochar y responder, cómo culparla si tenía al mejor maestro enseñándole día a día.

—¡No sirves para nada! —gritó Antonio.
—¡Y tú, maldito inútil, no puedes ni mantenernos…! —El elipsis reinó tras la primera bofetada que Antonio le soltaba a Frida.
El silencio de Frida volvió acompañado de un miedo creciente a su esposo. Los gritos fueron remplazados por golpes. En un inicio Frida se esforzaba por ocultar los moretones de sus vecinos, después era inservible, ningún maquillaje podía cubrir los porrazos y el dolor que Frida sentía.
—Ya no más —se dijo para si misma mientras tomaba a su pequeño en brazos. Una mochila y la pañalera eran suficientes para llevar lo indispensable.
Con ayuda de sus vecinas, Frida huyó de Antonio y se instaló en un pequeño cuarto junto con su hijo; su única fuerza de voluntad para seguir adelante y para alejarse de Antonio.
Mientras el pequeño iba a la escuela, Frida trabajaba de cajera en un centro comercial, era poco lo que ganaba, pero bastaba para vivir, todo con tal de no volver a las garras de aquella fiera.
Poco le duro el gusto a Frida ya que Antonio, quien no había parado de buscar a su mujer e hijo, los encontró. Contra las expectativas Antonio se presentó ante Frida, manso cual borrego. El caballero que la había conquistado había regresado, pero esta vez ella dijo: No. Sabía que era sólo la fachada de ese ser vil y no estaba dispuesta a volver al infierno que Antonio la hacía vivir, su Ángel no lo merecía, ella no lo merecía.
Antonio no iba a permitir que su mujer lo humillara de esa manera y una vez más regresó a buscarla, tocó la puerta, Frida le abrió y lo dejó pasar, <<tal vez sólo quiere hablar>> pensó. No imaginaba la atrocidad que Antonio tenía en mente.
—Vas a regresar conmigo, tu lugar es a mi lado, recoge tus cosas y vámonos.
—No, ya no más. No voy a someter a Ángel a tus abusos, ya no.
Antonio furioso, sacó una pistola de bajo calibre, caminó un par de pasos a donde se encontraba el pequeño Ángel jugando con sus carritos y sin titubear le disparó en la cabeza.
La detonación y el grito desesperado y desgarrador de Frida alertó a los vecinos que corrieron al pequeño cuarto que Frida alquilaba. Dos disparos seguidos se escucharon, luego un sigilo sepulcral en el que los vecinos se debatían entre forzar la puerta y entrar o esperar a la policía.
Sin previo aviso un disparo más se escucho dentro de la habitación.
Para cuando los vecinos entraron ya no había nada por hacer. Un desfigurado Antonio yacía junto a Frida, la cual conservaba la expresión de horror que puso al ver como Antonio le arrebataba la vida a su propio hijo.
A poco menos de un metro se encontraba el pequeño y frágil cuerpo de Ángel, terminando de encajar en la terrible y trágica obra que su padre, su asesino, había creado.
“Nunca más”, dos palabras tan simples que en este caso engloban un significado profundo y perturbador; nunca más Antonio volverá a hacerle daño a su familia, nunca más Frida sufrirá de los abusos de su esposo y nunca más Ángel vera con horror y llanto la escena de sus padres demostrando la ausencia de respeto y amor entre ellos y hacía ellos.

Relato de © Adri Bobadilla, todos los derechos reservados:
Otro relato de la misma autora:

Hasta que tu muerte nos separe, mi amor

Nunca más

Te extraño...


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras