EN
LA OSCURIDAD DEL CUARTO MUNDO |
El
niño, Mefistófeles, como la mayoría de
chicos de secundaria no tenían padres. Los cuidaba
una anciana de piel sucia, junto con otros seis niños
de la escuela. El burdel estaba cerca de la escuela y ésta
estaba unida a la iglesia. Al entrar en el burdel había
un lavacoches, en un edificio abandonado, como la mayoría
de los demás. Pero los escombros eran un amasijo de
chapas de madera, chatarra, madera prensada y ladrillos rotos
apoyados contra la pared del baño compartido del ayuntamiento.
El calor era proporcionado por las tuberías de agua
caliente que pasaba a través de la parte posterior
del edificio. En invierno, Mefistófeles dormía
caliente, tenían agua corriente y electricidad, además
estaban conectados con un cable de conexión a los cables
de la calle e internet lo utilizaban simplemente porque estaban
cerca de la escuela secundaria, todos tenían ordenadores,
portátiles, tabletas y teléfonos, ellos tenían
aquellos que tras robarlos no los habían vendido.
- Hay fantasmas en nuestro tejado, los vio Waldorfelo Ripia,
mi prima, los oyó la noche pasada y fue al tejado,
de repente aparecieron unas huellas de zapatos blancos, vio
como se iban pero no vio a la gente –contó Mefistófeles,
todos estaban emocionados y escuchando con interés.
-¿Sabéis que el marido de mi prima le golpeó
con un martillo en la cabeza? –continuo.
-¿Es cierto? –le preguntó Lingurar, un
chico oscuro, curioso.
-Es cierto –confirmó Mefistófeles asistiendo.
Había un gran ajetreo en la oficina.
-Escucha, que tonto, he llamado por teléfono a emergencias
–dijo la maestra, obesa, oscura de pelo largo, recto
de color negro azulón, de entre treinta y cinco y cuarenta
años.
-Pero ¿Qué ha pasado? –preguntó
un colega feo con las gafas con cristales con dioptría,
una cara irregular y la boca como de tejón.
-¡Ehhhh! ¡Qué retorcida, Ángela,
que gran escándalo!
Carmina se llevo al burdel a las chicas de la clase –dijo
la mujer inmensa.
-Pero ¿Por qué estaba impaciente? ¿Por
qué no piensa que todas siguen allí? –dijo
con malicia, la fea.
-Mira, lo siento, lo vamos a hacer nosotros, ¿Quién
lo va a hacer Rampolis y su descendencia? ¿Qué
han hecho por nosotros? Los estudiantes llegaron desde orfanatos
y hogares a la asociación “animalis” y
Rampolis y la Señora Semilla reciben un montón
de dinero para ellos de los presupuestos.
-Aquí todos nos preocupamos de que los gitanos estén
en los escombros y den dinero. Se les da algo a ellos, les
damos subvenciones sociales –dijo Rampolis – y
pueden usar a los niños para la mendicidad, el robo,
la prostitución o lo que sea. Y les damos regalos los
días de fiesta.
- Pero no tienen derecho a beca si se les cuida –dijo
Semilla
- Cogemos la documentación de sus verdaderos padres
y realizamos llamadas en su nombre, como si quisieran colocarlos,
eso no lo verifica nadie, hoy, aquí. Somos el cuarto
mundo. En América del Sur hay cárteles, están
aislados.
Hemos recuperado Rapolis de la TV pública, una hora
de noticias.
-“Hallado un alto funcionario de veinte años
en el Ministerio de Economía, realizando tráfico
de drogas –decía la presentadora de noticias
con fuerza.
-¿Qué he dicho? –continúo Rampolis,
que paga en este lugar, tampoco iba a trabajar, preciso y
tenía el presupuesto de más servicios y salarios
más elevado, unas diez veces superior a lo habitual.
Un centenar de personas mueren de hambre y uno solo recibe
muchísimo del Estado sin hacer nada. Tampoco tiene
lugar de trabajo solo reciben dinero.
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-Sí –apoyó
Semilla las palabras de su colega- se de personas que eran trabajadores
no cualificados antes de la revolución y ahora son profesores
en dos universidades estatales, en escuelas secundarias privadas,
en dos colegios y una escuela, un investigador en el Instituto
de Enseñanza, un funcionario del Ministerio y editoriales
educativas formando muchos de los programas educativos, recoger
cantidades de dinero y además ser director de tesis.
-Y precisamente no ver trabajar a nadie en las universidades
ni en el Ministerio. No hay escuelas secundarias porqué
así lo consideran desde el Ministerio –apostilló
Rampolis.
Semilla salto alegre de la silla, había yeso.
En la escalera de salida, había un niño pequeño
balanceándose, era Antonio. |
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-Yo hago películas
señor, desde pequeño me han grabado –dijo
el niño pequeño, regordete y muy simpático-
yo sé bailar –de hecho comenzó a hacer algunos
movimientos de baile, que sabía. La danza lasciva, con
movimientos como se hacían en los clubs de mujeres que
eran strippers.
Sergio dejó la escuela secundaria, y llego a la estación,
dio un grito y dándole patadas espeluznantes al tranvía,
todos los pasajeros lo miraban asustados.
-Una como este, te golpea, te arruina la vida y no pasa nada
–dijo que ninguna mujer. Al verlo Sergio señaló
que veía al niño pequeño, regordete, Antonio.
Entonces recordó que le dijo donde vivía incluso
en que zona. “Esto
significa que el padre es el hombre del tranvía, Dios,
es idéntico a Antonio”-pensó
el hombre.
Los niños fueron a visitar el “centro”,
había un lote vacía cerca del lago que se construyeron
con cajas de madera y tablero de fibra pintado como azulejos
de colores, eran de una empresa industrial que tenía
sumas fabulosas del Estado en aumentar huérfanos.
Consuelo en los días siguientes no fue a la escuela.
-Se fue con algunos sin techo a los canales, se unió
y se fue a vivir con ellos -aumentó el tono omnisciente
Mefistófeles – yo he recomendado que vuelva, no
he podido hablar con ella –continuó el chico -quizá
sea que cogió el sida, los sin techo estaban enfadados
conmigo, no saben nada, pero les puedo enseñar un trabajo.
-¿La chica era virgen? –preguntó curiosa
Lingurar, repitiendo lo del muchacho, se enfrentó al
viejo.
- Bueno, pasemos –contestó Mefistófeles
en voz alta- Tomemos uno de seis a la vez.
-¡De repente! –Exclamó Lingurar- pero, ¿Cómo
se puede estar tan caliente? Qué maravilla chico.
-¡Yo no he visto estas películas en Internet! Dos
frontales, dos traseros y dos consecutivos- dijo Mefistófeles
enfáticamente.
- ¿Y si coges el sida u otra cosa? –le pregunto
un niño pequeño, moreno con cara regordeta.
Era el final del día. Sergio notó un olor extraño,
como si algo se estuviera quemando. Delante de sus ojos había
una pequeña habitación que servía de aula.
Entonces vio el horno microondas. Sergio pensó que estaba
roto, que no podia utilizarse, vio un cable en el zócalo,
pero creía que era de las cámaras, que en la escuela
secundaria estaban en todas partes, en los salones, pasillos,
escaleras y probablemente también en los baños,
fue y desconecto el horno del que salía una estela de
humo muy delgada.
Mefistófeles corrió y abrió la puerta del
horno, del cual salió un humo enorme y grueso que se
extendió rápidamente en la habitación.
Buñuelo apareció rápidamente, el guarda
de seguridad.
-¿Qué ha pasado aquí? –Preguntó
con brusquedad – Id a clase –espetó a Sergio
como de costumbre.
-Argentina puso su cuerno asado en el horno y se quemó
–dijo Mefistófeles. Él sabía como
de costumbre todo lo que hacían los estudiantes, los
maestros, los guardias escolares, las criadas y las prostitutas
de su primo. Su pequeña tarea era espiar a todo el mundo.
- ¡Todos fuera!
Los estudiantes salieron de la sala, en el hall aparecieron
otros alumnos.
-¿Qué paso, hombre? –preguntó un
adolescente moreno, alto y delgado.
-Argentina ha quemado el cuerno en el mircroondas hasta que
salía humo.
Argentina lloraba y se retorcía las manos.
-No va a darme dinero para gastar con la gente del “Centro”,
¡estoy jodido! ¡y lo habéis hecho! –dijo
a Mefistófeles y a Consuelo.
-Ehhh, ¡ahora irás a la cárcel! –Dijo
el niño con alegría maliciosa – vamos a
ver lo que van a hacer allí las personas. ¿Qué
han hecho sin hogar, Consuelo?¡Como voy a disfrutar cuando
os vea detenidos.
La chica se quejó que se ponía nerviosa.
-¡Pero yo no soy culpable! Hice lo que querías
en el descanso.
-¿Qué? Ahora quieres culparnos por lo que has
hecho tú, no importa quién te enseñó.
¿Quién te dijo que lo hicieras? –pronunció
agudo el muchacho.
Al día siguiente, Mefistófeles llegó con
una cesta llena de pequeños frutos, naranjas. Quien quisiera
se las podría comprar a él, ¡cinco lei por
un puñado de naranjas! A los huérfanos los empleados
del “centro” les daban unos peniques para su propia
comida. Así Mefistófeles tuvo una venta rápida
y rentable, las naranjas eran pequeñas de color naranja
intensa, que se comieron todos en la escuela secundaria.
Incluso los maestros, guardias, guardaespaldas, compraron las
naranjas. Dio una cuantas a Semilla y a Rampulis. “Tengo
que sobornar, esto es lo que hay hoy”, esta
lección la he aprendido de mi primo; pensó el
chico.
Pero al rato, había una cola enorme en el baño,
todos deseaban ir, no había nadie en las clases.
En el vestíbulo de la planta baja estaba lleno de gente
hacienda ruido. Los estudiantes estaban alegres del fuego que
había ocurrido. Se estaban riendo y hablando en voz alta.
-No vaya al baño –dijo Consuelo, la profesora rubia
y hermosa de mediana edad.
Vio que Mefistófeles decía que venía usted
y mirara a su espalda –gritó la mujer.
Sergio pensó que en realidad, en la parte superior había
un área de cuartos, donde podría ir cualquiera,
como Mefistófeles que era menor de edad pero con malas
intenciones.
Rampolis anunció enfáticamente, hizo una demostración
del baile organizado en el parque. En el extranjero vio y adoptó
algunos ritmos de moda. Bailaba y se mostraba optimista y entretenido.
En frente del grupo una chica vino y bailaba tradicionalmente,
se inclinó como si estuviera buscando algo en el suelo.
Fue una tragedia, toda la danza era triste, impresionaba y saltaba
las lágrimas.
Temía la sensación de que las mujeres expresaban
la tragedia de su vida, guiados por Rampolis en su existencia.
No podía quitarle la vista de ellas y se le quedo en
la cabeza una imagen de las mujeres jóvenes sufriendo,
como si buscaran algo, sin esperanza.
Tenía los bolsillos ocupados, una audiencia abierta y
los ojos enfermos. El chico había sido bien instruido
anteriormente.
El baile de Rampolis terminó y se fue rápidamente.
Después de él, una mujer lo siguió. Rampolis
aulló y comenzó a temblar, entonces ella lo acompaño
humildemente, ella amaba la fachada de Rampolis, Tuta lo había
elegido entre los huérfanos, entre los ex alumnos de
la escuel. En realidad, todo el mundo sabía que Rampolis
era un querido maestro que se enfrentaba a la chica.
-“Si se pone un pañuelo en la cabeza, uno pensaría
que es una mujer de edad avanzada” –pensó
Sergio.
Sergio entró en el laboratorio. Consuelo, Argentira,
Corturari y Lingurar veían una película en internet
con satisfacción.
Sergio observaba con deleite el asombro en la cara de las chicas.
¿Qué estaís mirando con tanto interés,
como los chicos?
-Vemos como tortura y mata a una chica, el asesino –respondió
Consuelo con éxtasis.
- Mira, mira la sangre, mira, que corte le ha producido con
un cuchillo y como empuja la punta, uno de ellos ha quemado,
ha visto la película –exclamó Consuelo satisfecha.
- ¿Y quieres verla? –exclamó Sergio, pensando
que ella era víctima reciente de esos sucesos, solo que
había escapado
-Cierra los ordenadores –dijo Sergio.
-¡Nooooo! –gritaron los chicos a coro –queremos
ver como la mata, ¡nos encanta! La viola con una motosierra,
he visto la película.
-No es ninguna película, todo es real. Pero, ¿Qué
películas miráis? –preguntó el profesor.
- ¿Cómo no? –Respondió Mefistófeles-
solo veo películas así, me gustan desde que era
pequeño –completó el muchacho, haciendo
hincapié en las palabras “única”
y “presente”.
Mi primo dice que los hombres, incluso los jóvenes que
no pueden hacerlo, ya no funcionan, al igual que este tipo de
películas. Me dijo que cuando realiza el sexo con una
chica, le gusta dar con la cabeza contra las paredes. Una ruptura
y un descanso en todos los lados, y uno acaba lleno de sangre.
- ¿Cómo es tu primo? –exclamó con
admiración Columbus Ragalie, un chico pequeño
y oscuro.
-Dios, estos chicos hablan sin sentido –pensó Sergio.
.Nosotros en el “centro” nos hemos basado en un
Bloody Mary –continuó Argentina- Todos los chicos
han apagado las luces del cuarto de baño. Vertí
alcohol en las tapas metálicas y me he quemado, ella
tenía miedo de hacer saltar la alarma de incendio, les
dijo a todos a coro varias veces “Blody
Mary”. Solo la puerta se movía poco
dijo Orlando mi amigo, vi algunas sombras en las paredes y alguien
me toco el hombro.
Era viernes, Sergio quería pasar un fin de semana en
el mar. Fue directamente a la estación y pregunto dónde
estaba la línea de tren. Había una gran cola.
El profesor esperó pacientemente.
De repente sintió que se movía, primero pensó
que era un terremoto, a continuación, los azulejos, noto
que las piernas se movían. El miro a la cara de un joven
con paras largas y delgadas, lo observó de arriba abajo,
como el niño de una mano y una muñeca fuertemente
curvada para pasar fácilmente entre ellos una pelota
de baloncesto. Tenía el cuerpo grueso como sus manos.
Ella llevaba una blusa transparente sin mangas, como un velo,
un poco más larga, se veía todo, lo demás
lo tenía. Estaba casi vacío. Y sin embargo, curiosamente
ningún hombre volvía la cabeza para mirarla, incluso
el joven no se preocupaba, probablemente fuera su novio, él
tenía los pechos más grandes que ella. La chica
era exactamente igual que las modelos que se veían por
televisión” pensó Sergio cuando de repente
recordó con
emoción a Consuelo que le había hablado de la
estación y su imperio de mendigos.
EPILOGO
Había una decoración espeluznante, las paredes
de los edificios conferían un conjunto de ruinas feroces,
dos cuerpos troceados, un hombre y una mujer, y la sangre se
extendía a través del cuarto.
Tres jóvenes figuras, rostros envejecidos –una
mujer y dos hombres- Ranjit estaba satisfecho.
-¿Qué le pinchaba con agujas a Semillas, gritando
un salto en una especie de cola, que en realidad era una pierna
con satisfacción que daba miedo? Debido a que ella había
estado en la cárcel.
Llegó el ladrón de caminos.
-Y Rampolis como se deshace de mí, la grasa, la quité,
me mantengo el segundo más gordo, satisfecho, no se mucho,
entonces era joven. Me llamó, me dio caramelos, entonces
yo quería danza y película, me llevó entre
sus brazos y me consoló. Yo quería caramelos,
no quería arruinar mi vida.
-Lo merecía –dijo Consuelo –debido a que
llegue al burdel.
-Los he tenido desde quinto curso y me violaron mucho tiempo
hasta que me desmayé. A partir de ese día mi destino
cambió para siempre.
Después bajaron la cabeza, como unos viejos perdedores
que se enfrentaban a una vida dura.
En la calle vacía se oyó un silbido espeluznante
que se había agitado en las profundidades. Era el ruido
como de Gorgona, antes de la batalla contra Hércules,
en una película.
Ahora, en realidad, era más macabro y aterrador. Una
extraña aparición de manera elástica saltó
la cola, el tamaño de un pie de costumbre, como si se
hubiera diseñado un gran arco. Cuando no estaba saltando
y caminando, se arrastraba como una Gorgona, produciendo sonidos
extraños que penetraban en las profundidades del alma.
Al estar fuera de la visión, sin embargo, era posible,
real. Retrocedió lentamente. |
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