Estaba inmerso en mi meditación habitual, cuando de
repente empezó a caer una fuerte lluvia de invierno,
hacía un frío helado y me metí entre
las mantas mientras fumaba y soñaba despierto pensando
en el tiempo que llevaba sin verte… caía la lluvia
sobre el tejado, produciendo un estruendoso ruido, sobre el
patio, chocando con las sillas y mesas metálicas del
bar que hay debajo de mi casa y caía sobre todo por
las calles de la ciudad.
¿Cuánto tiempo hacía ya, tres meses?
Me preguntaba dónde estarías ahora, qué
harías, si estarías sola o con alguien que te
abrazara fuerte bajo las mantas y te diera el calor que tanto
necesitas, porque eres tan friolera… “Márchate
de mi vida sigue nadando cada vez más adentro, huye
de mi hasta que no oigas mi voz, hasta que me diluya del todo
si no lo has hecho ya. Busca otras orillas por donde salir,
pero no olvides que yo seré esa orilla común
donde regresar”, me dijiste.
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Pensando en ti me ponía cada vez más y más
caliente... dejaba volar mis pensamientos e imaginaba cómo
sería empezar a jugar contigo, primero con la boca,
lentamente, sólo rozándola para que sintieras
deseos, para dejarte con las ganas de pedir cada vez más.
Pensé en ti posada sobre la cama boca arriba, y yo,
me pondría encima rozando con mi miembro cada pequeña
esquina de tu clítoris, haciéndote desear que
te penetrara, que te penetrara hasta el fondo y que arquearas
la espalda de placer, y así me imaginé que te
penetraba, mientras movías los pechos al unísono
oyendo tus gemidos...
De repente un sms me sacó de mi ensimismamiento, estaba
empezando a masturbarme pensando otra vez en ti cuando, ese
sonido me trajo a la realidad y me hizo desear que fueras
tú…
“Hola llueve y hace frío, te echo de menos…
¿sigues enfadado aun?”, decía tu mensaje…
De repente me puse colorado, te deseaba más que nunca
y pensé que eras una bruja redomada que me controlabas
incluso en la distancia, en el silencio… era una agonía
pensarte y no poder tocarte. Deseaba llamarte, decirte que
iba corriendo a tu casa, pero algo me detenía, siempre
había algo que me detenía. Empecé a sudar
bajo las mantas, el humo se había quedado suspendido
en el techo de la habitación y la pereza se apoderaba
de mí nuevamente. Descarté la idea de responderte,
apagué la luz y dejé que el ruido de la lluvia
me meciera.
Empecé a soñarte… de repente me vi ante
tu zaguán, mojado, chorreando por la lluvia, no sabía
si estarías despierta aún, pero lo intenté
y toqué el interfono. Tardaste unos minutos, pero al
oír tu voz decir, “sube”, se me agolpó
la culpa, me entraron ganas de salir corriendo, de no subir
los tres pisos que me separaban de ti, pero era tarde, si
me iba ahora quizá no pudiera volver jamás…
Me abriste envuelta en una gruesa bata, llevabas calcetines
oscuros y sentí el calor de la calefacción que
me invitaba a entrar…
Me agarraste de la mano, y me llevaste hasta la habitación,
me dijiste, “ponte cómodo que voy a por una toalla”.
Me quité despacio la ropa y me dirigí al armario
donde sé que hay cosas mías, estaba helado y
busqué desesperado un pijama. Me pediste que me sentara
en la cama y me secaste la cabeza tan enérgicamente
que casi me descuajaringas el cerebro… me eché
a reír y pusiste las manos sobre mi cara “estás
muy frio” dijiste. A lo que contesté que no,
que al contrario, que precisamente por eso había ido
a buscarte. Te agarré de la nuca, y te di un beso,
empezaste a pasar la lengua despacito por mis labios, por
adentro y por afuera, y ahí, empezó todo...
Te acariciaba el sexo mientras gemías y respirabas
fuerte... me dejabas hacer... durante minutos todo eran suspiros
de placer... mis dedos penetraban una y otra vez en tu sexo,
lo siento venir, empiezo a sentir ligeras contracciones en
el fondo de tu vagina, siento como se estremece y aprietas
todo contra mis dedos, hasta que llegaste al orgasmo…
Me tumbas en la cama y coges mi pene pero me incorporo un
poco porque quiero mirar como lo chupas, me gusta mirar. Abres
tu boca ligeramente para atormentarme y excitarme. Respiras
sobre mí, sacas tu lengua goteante de humedad y lames
hacia arriba, lentamente. Giras tu cabeza de lado y haces
como que me muerdes suavemente colocando tus dientes en mi
carne. Una de tus manos toca mis huevos, arañándolos
ligeramente con las uñas, buscas debajo y detrás
de las pelotas para encontrar ese área tan sensitiva
justo antes del ano y subes y bajas deslizándote, me
vuelves loco de placer… no puedo más y me derrito
en tu boca.
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Después de ese primer orgasmo, todo fue más
fácil. Te acomodé con las piernas en alto apliqué
mis labios a tu caliente y húmeda vulva que reaccionó
de inmediato al contacto de mis labios y de mi lengua. Exploré
con la boca, la lengua, te recorrí entera, penetré
lo que pude, trataba de devolverte esos meses de ausencia,
tus piernas temblaban, no sé cuántos orgasmos
tuviste, tres o cuatro. Fui reincorporándome para encontrarme
con tus ojos que transmitían ternura, perdón,
amor. Me besaste, me devoraste la boca y me dejé llevar
otra vez. Te miro, no puedo pensar, tan sólo quiero
sentir como te poseo, esto hace que pierda el sentido, que
pierda la realidad y sólo desee saber que eres mía.
Deseo amarte, entregarme… oír nuevamente tu voz
y volvernos agua con la lluvia.
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