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CUENTOS Y RELATOS

 

RECOMPENSA

Te habías ido a Barcelona a realizar unas gestiones y llevaba varios días sin verte, “te compensaré a mi regreso” dijiste al teléfono desde el aeropuerto, pero la verdad es que no esperaba la sorpresa que me guardabas esa noche.

Nada más entrar, me soltaste un beso tan intenso que aunque sólo duró unos minutos, pareció una eternidad. Me pusiste algo en las manos y no me di cuenta que era el pijama, me lanzaste directamente al baño sin dejarme pasar al resto de la casa. Tenías la mesa preparada, sonaba de fondo ´Another Day In Paradise´ de Phil Collins, me preparaste una copa de Albariño y nos sentamos. Me serviste un cóctel de mariscos, con sus gambas, langostinos, enormes trozos de langosta que sé que te encanta… También había distribuidos por la mesa calamares, berberechos y mejillones al vapor … Todo muy marinero… incluyendo tu vestimenta que me hizo reír al verte con la camisola de rayas azules y blancas… Estaba todo buenísimo, nos bebimos casi toda la botella de vino mientras me relatabas tu viaje y te ponía al día de todo lo que había estado haciendo sin ti…
“¿Me has echado de menos?”, dijiste haciendo uno de tus típicos mohines… al tiempo cruzaste las piernas dejando que la camisa se levantara y se vieran las bragas blancas… Tu camisa, casi transparente, y con algunos botones desabrochados, dejaba ver parte de los pechos. Mi pene ya se estaba endureciendo y comencé a moverme tratando de acomodarme para que no se notara. Pero como es imposible de disimular… Desabrochaste algunos botones más de tu camisa y me incitaste a seguirte al dormitorio… tu perfume flotaba en el aire, había velas encendidas y su luz nos sirvió para guiar nuestras manos… acariciaste mi pecho deteniéndote en mis pezones, lo que me provocaba intensos escalofríos y me excitaba cada vez más. Mientras tanto yo acariciaba tus muslos delicadamente, disfrutando de tu piel. Seguí lentamente hasta las nalgas y coloqué mi mano bajo las bragas. Mi mano se deslizó desde el culo hasta donde alcanzaban mis dedos y te estremeciste. Me tomaste de la mano y me tiraste sobre la cama y quitaste mi pantalón mientras yo me desabrochaba los últimos botones de la camisa. Me senté en el borde de la cama para quitármela y cogiste un gel de masaje erótico que pusiste en mis manos para que lo abriera y dejara caer en tus manos… Cogiste mi pene y comenzaste a masturbarme, me frotabas como si encendieras un fuego con dos piedras y como tus manos resbalaban sin problemas con el lubricante, me volvías loco... En ese momento te quité la camisa y besé tus tetas, chupando los pezones. Estabas tan excitada como yo, te tumbé soltándome de entre tus manos… Tu pubis se elevó para encontrarse con mi boca y hundí la cara en esa olorosa intimidad. Dejé caer unas gotas de gel que hizo que gimieras al contacto, metí la lengua entre los labios de tu sexo que inmediatamente se separaron y me dejaron sentir el latido de tu vulva. Gemías mientras hundía la lengua y la deslizaba despacio hacia arriba… Te succionaba con fuerza mientras apretabas los muslos contra mis mejillas. Tus roncas palabras y susurros hacen que enrosque mi lengua y mis labios y lamo, chupo, beso, babeo introduciéndome milímetro a milímetro en tu hendidura… Sentí como llegabas en largos e intensos orgasmos, mi dedo corazón tantea tu entrada moviéndose en pequeños círculos imitando a mi lengua. Pegas un pequeño respingo cuando notas mi dedo entrando en tu mojada cavidad y me suplicas que te haga tocar el cielo… tu clítoris, hinchado… Noto otra vez tus contracciones pre orgásmicas, tus jadeos crecen en intensidad… Entierro mi lengua lamiendo agresivamente en círculos concéntricos, penetrándote a ritmo vertiginoso con mis dedos... Gimes, poco a poco te pones tensa, aprieto tus pechos con fuerza, casi con violencia hasta que explotas… suaves espasmos te recorren y me das la vida, sabes que me encanta darte placer, y esa es mi recompensa. Quedas con la boca abierta sin pronunciar ni un solo sonido, por fin logro callarte… aunque solo dura unos segundos porque te relajas, dejas caer tu cuerpo sobre la cama, respirando con celeridad, y te abrazas a mí hasta que reparas y vuelves a tomar mi pene, a acariciarme al tiempo que subes sobre mí y empiezas a cabalgar, mis manos se aferran a tus caderas y te aprieto con fuerza… cabalgando a toda velocidad, gimiendo y retorciéndonos de placer. Creo que te viniste una o dos veces, con la excitación no podía contarlas, pero sé que lo hacías al pronunciar tu nombre…
Recompensa, relato de  Mayte Martín
entonces sentí que iba a correrme, que iba a explotar de placer y culminar aquel encuentro en el que la ausencia, los días de echarnos de menos, los mariscos, el vino, el gel, las velas, la noche y sobre todo tu lasciva mirada que me recuerda que la pasión sexual nunca termina y existen mil formas para activarla.
Relatos de Mayte Martín: Sensaciones, tiempos agrios


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras